La tos ferina (pertusis) es una infección de las vías respiratorias sumamente contagiosa. En muchas personas se caracteriza por una tos seca intensa seguida de sonidos agudos al inhalar que parecen chillidos.
Los episodios de tos, de hasta 30 minutos de duración, pueden ser muy fuertes y llegar a causar vómito o sensación de asfixia.
Las muertes asociadas a la tos ferina son muy poco frecuentes pero puede ocurrir en bebés. Por eso es tan importante que las mujeres embarazadas,se vacunen contra la tos ferina.
El agente causante es la bacteria Bordetella pertussis. Esta bacteria presenta una marcada afinidad por las células del tracto respiratorio superior. La B. Pertussis no invade la sangre, pero si produce toxinas que causan irritación de la zona, lo que a su vez origina la tos.
El microorganismo causante se encuentra en la rinofaringe de las personas enfermas y se transmite de persona a persona a través de gotitas eliminadas al toser o estornudar.
Los adolescentes y adultos frecuentemente se recuperan de la tos ferina sin problemas. Cuando se presentan complicaciones, tienden a ser efectos secundarios de la tos agotadora, tales como:
En los bebés, especialmente los menores de 6 meses, las complicaciones de la tos ferina son más graves y pueden comprender:
El diagnóstico de la tos ferina en sus etapas iniciales puede ser difícil porque sus signos y síntomas se parecen a los de otras enfermedades respiratorias frecuentes, tales como el resfrío, la influenza o la bronquitis.
A veces, los médicos pueden diagnosticar la tos ferina solo preguntando los síntomas y escuchando la tos. Las siguientes pruebas médicas pueden ser necesarias para confirmar el diagnóstico:
Una prueba de cultivo nasofaríngeo. El médico toma un hisopado o muestra por succión de la región donde se unen la nariz y la garganta (nasofaringe). La muestra luego se analiza para buscar evidencias de la presencia de la bacteria de la tos ferina.
Análisis de sangre. Un recuento alto de glóbulos blancos, generalmente, indica la presencia de una infección o de una inflamación. Este es un análisis general, no específico para la tos ferina.
Una radiografía de tórax. El médico puede solicitar una radiografía para ver la presencia de inflamación o de líquido en los pulmones, lo que ocurre cuando la tos ferina y otras infecciones respiratorias se complican con neumonía.
El tratamiento se basa en la administración, durante unos 14 días, de antibióticos macrólidos como la Eritromicina o la Claritromicina. Además, el enfermo debe permanecer en aislamiento respiratorio para evitar contagiar a otras personas.
Los antibióticos son especialmente efectivos durante la fase catarral, pero es entonces cuando es más difícil llegar al diagnóstico. Aun así, durante la fase inicial, contribuyen a reducir los episodios de tos y la capacidad de contagio del enfermo.
La mejor forma de prevenir la tos ferina es mediante la vacuna contra la pertusis que los médicos suministran junto con otras vacunas que actúan contra otras dos enfermedades graves: la difteria y el tétanos. Los médicos recomiendan comenzar la vacunación durante la infancia.
La vacuna consta de una serie de cinco dosis, que por lo general se administran a niños de estas edades:
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