Un episodio maníaco se define por un período concreto durante el cual el estado de ánimo es anormal y persistentemente elevado, expansivo o irritable. Para su diagnóstico, dicho estado de ánimo debe tener una duración de al menos una semana y debe ir acompañado de otros síntomas como autoestima muy exagerada, lenguaje verborreico, poca necesidad de dormir, realización de actividades de alto riesgo, ausencia de autocrítica, entre otros. Todo ello puede comportar un importante deterioro en el desempeño social o laboral de la persona afectada y puede requerirse su hospitalización para evitar que se dañe a ella misma o a otras personas de su entorno.
Pero este puede contar con diferentes etapas como: un episodio hipomaníaco se define como un período delimitado durante el cual hay un estado de ánimo anormal y persistentemente elevado, expansivo o irritable que dura al menos 4 días. Este período de estado de ánimo anormal debe ir acompañado por al menos otros tres síntomas de una lista que incluye aumento de la autoestima o grandiosidad (no delirante), disminución de la necesidad de dormir, lenguaje verborreico, fuga de ideas, distraibilidad, aumento de las actividades intencionadas o agitación psicomotora e implicación excesiva en actividades placenteras con un alto potencial para producir consecuencias graves (Criterio B). Si el estado de ánimo es irritable (en lugar de elevado o expansivo), debe haber al menos cuatro de los síntomas anteriores. Esta lista de síntomas adicionales es idéntica a la que define un episodio maníaco excepto en que no puede haber ideas delirantes y alucinaciones.
Otro es el estado de ánimo elevado en un episodio hipomaníaco se describe como eufórico, extrañamente bueno, alegre o alto. Si bien el estado de ánimo del sujeto puede inicialmente tener una cualidad contagiosa para el observador externo, los que conocen bien a la persona lo reconocen como excesivo. La cualidad expansiva del estado de ánimo se caracteriza por el entusiasmo en las interacciones sociales, interpersonales o laborales. Aunque el estado de ánimo elevado se considera el síntoma prototípico, la alteración predominante del estado de ánimo puede ser la irritabilidad o alternar la euforia y la irritabilidad. Es característico que exista una exageración de la autoestima, normalmente en un nivel de confianza en sí mismo carente de autocrítica, más que en el de una evidente grandiosidad.
Causas
Estas serán determinadas por el médico tratante ya que depende de los síntomas y el entorno donde se genere el episodio.
Complicaciones
Si no se trata, el episodio maníaco puede resultar en varios problemas que afectan a todas las áreas vitales:
Un episodio maníaco debe diferenciarse de un trastorno del estado de ánimo debido a enfermedad médica. El diagnóstico apropiado debe ser trastorno del estado de ánimo debido a enfermedad médica si la alteración del estado de ánimo se considera un efecto fisiológico directo de una enfermedad médica específica (p. ej., esclerosis múltiple, tumor cerebral, síndrome de Cushing). Esta decisión se basa en la historia, los hallazgos de laboratorio y la exploración física. Si se considera que los síntomas maníacos no son un efecto fisiológico directo de una enfermedad médica, entonces el trastorno primario del estado de ánimo se registra en el Eje I (p. ej., trastorno bipolar I) y la enfermedad médica se registra en el Eje III (p. ej., infarto de miocardio). Un inicio tardío de un primer episodio maníaco (p. ej., después de los 50 años) debe alertar al clínico sobre la posibilidad de que la causa del trastorno sea una enfermedad médica o una sustancia.
Un trastorno del estado de ánimo inducido por sustancias se diferencia de un episodio maníaco por el hecho de que una sustancia (p. ej., una droga, un medicamento o la exposición a un tóxico) se considera etiológicamente relacionada con la alteración del estado de ánimo. Síntomas como los que se dan en un episodio maníaco pueden ser precipitados por una droga (p. ej., los síntomas maníacos que solo se producen en el contexto de una intoxicación por cocaína serían diagnosticados como trastorno del estado de ánimo inducido por cocaína, con síntomas maníacos, de inicio durante la intoxicación). Síntomas como los que se dan en un episodio maníaco también pueden ser precipitados por un tratamiento antidepresivo, bien sea un medicamento, una terapéutica electroconvulsiva o una terapéutica lumínica. Estos episodios también son diagnosticados como trastorno del estado de ánimo inducido por sustancias (p. ej., trastorno del estado de ánimo inducido por amitriptilina, con síntomas maníacos; trastorno del estado de ánimo inducido por la terapéutica electroconvulsiva, con síntomas maníacos).
Los episodios maníacos deben ser distinguidos de los episodios hipomaníacos. Si bien los episodios maníacos y los episodios hipomaníacos tienen unos síntomas característicos idénticos, la alteración en el episodio hipomaníaco no es tan grave como para provocar un deterioro social o laboral importante, ni para requerir hospitalización. Algunos episodios hipomaníacos evolucionan hasta episodios maníacos completos.
Los episodios depresivos mayores con estado de ánimo con predominio del humor irritable pueden resultar difíciles de distinguir de los episodios maníacos con estado de ánimo irritable o con los episodios mixtos. Esta decisión requiere una evaluación clínica cuidadosa de la presencia de los síntomas maníacos. Si se cumplen los criterios tanto para un episodio maníaco como para un episodio depresivo mayor casi cada día durante al menos 1 semana, dicho cuadro constituye un episodio mixto.
Un trastorno por déficit de atención con hiperactividad y un episodio maníaco se caracterizan los dos por una actividad excesiva, comportamiento impulsivo, empobrecimiento del juicio y negación de problemas. El trastorno por déficit de atención con hiperactividad se distingue de un episodio maníaco por su inicio típicamente temprano (p. ej., antes de los 7 años), su curso crónico en lugar de episódico, la falta de un inicio y final relativamente claros y la ausencia del estado de ánimo expansivo o elevado o de síntomas psicóticos.
Tratamientos y Cuidados
El tratamiento con litio es fundamental respondiendo el 60-70% de los pacientes bipolares.
El litio, por su acción directa, no produce sedación, ni de forma ordinaria alteración cognitiva; cuando ésta ocurre, a menudo se debe al hipotiroidismo inducido por el litio.
Los efectos colaterales benignos agudos del litio son temblor, náuseas, diarrea, fasciculación, poliuria y polidipsia.
Los efectos tóxicos del litio se manifiestan por temblor grosero, cefalea persistente, vómitos y confusión mental, que pueden progresar a estupor, convulsiones y arritmias cardiacas.
Los pacientes compensados con humor relativamente estable precisan control del litio sérico para evitar intoxicación y vigilancia de las hormonas tiroideas que descarte hipotiroidismo.
OTROS MEDICAMENTOS
La alternativa al litio en un paciente maniaco no cumplidor y pendenciero es una fenotiazina de acción prolongada. Debido a los riesgos de discinesia tardía, debe sustituirse por litio lo antes posible.
También son útiles los neurolépticos de acción prolongada en administración intermitente, así como la carbamazepina o el ácido valproico, según indicación de los médicos especialistas.
PSICOTERAPIA
La psicoterapia individual sumada al tratamiento con litio aporta un enfoque práctico que ayuda al paciente a enfrentarse mejor con sus problemas vitales y a ordenar su vida, ajustada a su nueva identidad.
Es importante ayudar a los pacientes a evitar el consumo de alcohol y fármacos estimulantes, a disminuir la falta de sueño y a reconocer los signos de recaída de su enfermedad.
Consejos
Los pacientes con episodios maníacos no pueden conducir.
Dada la dificultad para que el enfermo comprenda la trascendencia de sus actuaciones, se desaconseja la conducción hasta que el tratamiento recomendado controle las manifestaciones clínicas.
La familia o las personas cercanas deben colaborar impidiendo que estos pacientes maníacos accedan a vehículo alguno, hasta que el médico lo considere oportuno.
Los peatones con episodio maníaco pueden no respetar las normas y ser víctimas de atropello. Son pacientes que deben transitar acompañados de una persona responsable conocedora de su problema.
Los conductores con personalidad hipomaníaca crónica, caracterizada por excesiva confianza y seguridad, irritabilidad, optimismo exagerado y tendencia a precipitarse impulsivamente, disminuyen claramente la seguridad del tráfico.
Los pacientes con hipomanía pasan más desapercibidos y por tanto pueden tener más incidencias negativas en la conducción, porque con frecuencia no se les desaconseja conducir.
Es muy importante que sepan tanto el paciente como sus familiares los efectos secundarios que presentan los medicamentos prescritos, que pueden limitar la conducción, aunque el paciente tenga controlado el estado de ánimo.
El paciente con humor estable por el tratamiento médico, sin efectos colaterales de su medicación y controles séricos normales debe saber, por los acercamientos de la psicoterapia, que si al conducir comienza con síntomas de excitabilidad, debe aparcar el vehículo y pedir ayuda.
El paciente maníaco o con trastorno bipolar sólo puede conducir si su médico, después de un periodo prolongado de seguimiento con tratamiento y sin efectos secundarios, considera que es responsable al volante e informa de ello por escrito.