En torno a los 65 años de edad, un gran número de personas comienza a presentar problemas de memoria, y no les da importancia pensando que son consecuencia inevitable del proceso natural de envejecimiento.
Experimentar ciertas cosas cotidianas, como olvidar dónde se han puesto las llaves o el monedero, resulta normal. Pero a veces, lo que interpretamos como pequeños descuidos, pueden ser los primeros avisos de patologías serias como la enfermedad de Alzheimer y otros tipos de demencia.
La enfermedad de Alzheimer es una enfermedad progresiva que destruye la memoria y otras funciones mentales importantes. Inicialmente, una persona con la enfermedad de Alzheimer puede experimentar una confusión leve y problemas para recordar cosas. Con el tiempo, las personas con esta enfermedad pueden llegar a olvidarse de personas importantes para ellas y sufrir cambios drásticos en la personalidad.
Esta es una de las formas más comunes de demencia entre las personas mayores. La demencia es un trastorno cerebral que afecta gravemente la capacidad de una persona, esto ya que las células del cerebro se deterioran y mueren, lo que provoca una disminución de la capacidad de la memoria y de la función mental.
Se debe prestar mucha atención a los primeros cambios. El deterioro intelectual puede estar causado por un problema neurológico, pero también puede ir asociado a otras enfermedades, como patologías del tiroides, hígado, riñón, infecciones, déficits vitamínicos, entre otras.
Los científicos creen que, en la mayoría de los casos, la enfermedad de Alzheimer es consecuencia de una combinación de factores genéticos, del estilo de vida y ambientales que afectan el cerebro a lo largo del tiempo.
La edad es uno de los factores más evidentes. Luego, el sexo. El Alzheimer es más frecuente en las mujeres que en los hombres. Las razones de este predominio femenino no están aún muy claras. Una de ellas podría ser que, con la menopausia, la mujer pierde el papel protector que los estrógenos tienen sobre las neuronas. Otra podría radicar en la mayor expectativa de vida que tienen las mujeres sobre los hombres.
Aunque las causas de la enfermedad de Alzheimer no se comprenden completamente, su efecto en el cerebro es claro. La enfermedad daña y mata las células del cerebro. En comparación con un cerebro sano, un cerebro afectado por la enfermedad de Alzheimer tiene una cantidad mucho menor de células y de conexiones entre las células que sobreviven.
Cuando los médicos examinan con un microscopio el tejido cerebral afectado por la enfermedad de Alzheimer, observan dos tipos de anomalías que se consideran características específicas de la enfermedad:
Placas. Las placas son depósitos de una proteína denominada «beta amiloide» que pueden dañar o destruir las células cerebrales de diversas maneras, incluso afectar la comunicación entre las células. Aunque se desconoce la causa fundamental de la muerte de las células del cerebro en la enfermedad de Alzheimer, la acumulación de beta amiloide fuera de las células del cerebro es la principal sospechosa.
Ovillos. Las células del cerebro dependen de un sistema interno de soporte y de transporte que traslada los nutrientes y otros materiales esenciales a lo largo de sus extensas prolongaciones. Este sistema requiere que la estructura de la proteína llamada «tau» sea normal y que funcione sin alteraciones.
Las cadenas de proteína tau se tuercen y forman ovillos anormales en el interior de las células del cerebro, lo que hace que falle el sistema de transporte. Esta falla también tiene una gran influencia en la disminución y en la muerte de las células del cerebro.
La pérdida de la memoria y del lenguaje, el deterioro del juicio y otros cambios cognitivos causados por la enfermedad pueden complicar el tratamiento de otras enfermedades. Una persona con la enfermedad de Alzheimer, posiblemente, no pueda hacer lo siguiente:
Expresar que siente dolor, como el producido por un problema dental
Informar síntomas de otra enfermedad
Seguir un plan de tratamiento indicado
Darse cuenta de efectos secundarios de los medicamentos o describirlos
A medida que la enfermedad avanza hacia las últimas etapas, los cambios en el cerebro comienzan a afectar las funciones físicas, como tragar, mantener el equilibrio y el control del intestino y de la vejiga. Estos efectos pueden aumentar la vulnerabilidad frente a otros problemas de salud, como los siguientes:
Inhalación de alimentos o líquidos hacia los pulmones (aspiración)
Neumonía y otras infecciones
Caídas
Fracturas
Úlceras de decúbito
Desnutrición y deshidratación
No hay una prueba específica disponible en este momento que confirme la enfermedad de Alzheimer. El médico determinará si la enfermedad de Alzheimer es la causa más probable de los síntomas que tienes según la información que proporciones y los resultados de las distintas pruebas que puedan ayudar a aclarar el diagnóstico.
Lo primero es comenzar con lo que los médicos llaman una buena historia clínica, preguntando al enfermo y a quien vive con él.
El médico realizará una exploración física y probablemente controle su salud mental general al analizar lo siguiente:
Reflejos
Tono muscular y fuerza
Habilidad para levantarte de una silla y caminar por la habitación
Sentido de la vista y de la audición
Coordinación
Equilibrio
Aunque no hay exámenes que confirmen la enfermedad se puede realizar un examen neuropsicológico se hace necesario para confirmar la existencia de déficits cognitivos. El más utilizado es el examen Mini-Mental o su versión adaptada Miniexamen Cognitivo.
También se pueden realizar otros exámenes tales como:
Análisis de laboratorio
Los análisis de sangre permiten que el médico descarte posibles causas de la pérdida de la memoria y la confusión, como trastornos de la tiroides o carencia vitamínica.
Análisis neuropsicológicos y del estado mental
El médico puede realizar una breve prueba del estado mental para evaluar tu memoria y tus habilidades para pensar. Además, puede recomendar una evaluación más extensa de tu capacidad para pensar y de tu memoria. Las formas más extensas de análisis neuropsicológicos pueden ofrecer detalles adicionales sobre la función mental en comparación con otras personas con una edad y con un nivel educativo similares.
Diagnóstico por imágenes del cerebro
Se utilizan imágenes del cerebro para detectar anomalías visibles relacionadas con enfermedades que no sean Alzheimer, como accidentes cerebrovasculares, traumatismos o tumores, que pueden ocasionar cambios cognitivos. Las nuevas aplicaciones de obtención de imágenes, que actualmente se utilizan en centros médicos o ensayos clínicos importantes, pueden permitir que los médicos detecten cambios específicos en el cerebro efectuados por la enfermedad de Alzheimer.
Las tecnologías de obtención de imágenes del cerebro comprenden las siguientes:
Imágenes por resonancia magnética (RM). Una RM utiliza ondas de radio y un campo magnético potente para producir imágenes detalladas del cerebro. Las RM se usan para descartar otras enfermedades que puedan estar provocando o contribuyendo con los síntomas que afectan el sistema cognitivo. También pueden usarse para evaluar si se ha reducido el tamaño de determinadas regiones del cerebro involucradas en la enfermedad de Alzheimer.
Tomografía computarizada (TC). Una exploración por TC produce imágenes transversales (cortes) del cerebro. Hoy en día, se utiliza, principalmente, para descartar tumores, accidentes cerebrovasculares y lesiones en la cabeza.
Tomografía por emisión de positrones (TEP). Durante una exploración por TEP, te inyectarán un marcador radioactivo de bajo nivel en una vena. El marcador puede ser una forma especial de glucosa (azúcar) que muestra la actividad general de diversas regiones del cerebro.
Este estudio puede mostrar las partes del cerebro que no funcionan bien. Las técnicas nuevas de TEP permiten detectar el nivel de placas (amiloide) y ovillos (tau) en el cerebro, que son las anomalías específicas relacionadas con la enfermedad de Alzheimer. No obstante, estas técnicas nuevas de TEP, generalmente, están disponibles en investigaciones y en ensayos clínicos.
Líquido cefalorraquídeo. En circunstancias especiales, como en una demencia que avanza rápidamente o en una demencia de aparición muy temprana, puede realizarse un análisis del líquido cefalorraquídeo. El líquido cefalorraquídeo se puede analizar en busca de biomarcadores que indiquen la probabilidad de la enfermedad de Alzheimer.
Los medicamentos actuales para tratar la enfermedad de Alzheimer pueden ser de ayuda durante un tiempo para los síntomas que afectan la memoria y para otros cambios cognitivos. Actualmente, dos tipos de medicamentos se utilizan para aliviar los síntomas que afectan el sistema cognitivo:
Inhibidores de la colinesterasa. Estos medicamentos aumentan los niveles de comunicación entre las células al proporcionar un neurotransmisor (acetilcolina) que se agota en el cerebro por la enfermedad de Alzheimer. La mejora es leve. Los inhibidores de la colinesterasa también pueden mejorar los síntomas neuropsiquiátricos, como la agitación o la depresión.
Los inhibidores de la colinesterasa que se recetan frecuentemente son galantamina (Razadyne) y rivastigmina (Exelon). Los principales efectos secundarios de estos medicamentos son diarrea, náuseas, pérdida del apetito y alteraciones del sueño. Las personas con trastornos de la conducción cardíaca pueden experimentar efectos secundarios graves, tales como disminución de la frecuencia cardíaca y bloqueo cardíaco.
Memantina (Namenda). Este medicamento funciona en otra red de comunicación de células cerebrales y retrasa la progresión de los síntomas en la enfermedad de Alzheimer de moderada a grave. A veces se usa en combinación con un inhibidor de la colinesterasa. Algunos efectos secundarios pueden ser estreñimiento, mareos y dolor de cabeza.
Son medicamentos con probada eficacia para mejorar la memoria y otras funciones cognitivas de manera clara pero modesta, combatir la apatía, dar al enfermo más iniciativa y capacidad funcional, mejorar las ideas delirantes y las alucinaciones.
A veces se usan otros medicamentos, como los antidepresivos, para ayudar a controlar los síntomas conductuales asociados con la enfermedad de Alzheimer. Sin embargo, algunos medicamentos solo deben utilizarse con sumo cuidado. Por ejemplo, algunos medicamentos frecuentes para dormir, como el zolpidem (Ambien) pueden aumentar la confusión y el riesgo de tener caídas.
Los medicamentos contra la ansiedad, como el clonazepam (Klonopin) aumentan el riesgo de tener caídas, confusión y mareos. Siempre consulta con el médico antes de tomar medicamentos nuevos.
Creación de un entorno de seguridad y contención
Adaptar las condiciones de vida a las necesidades de una persona con la enfermedad de Alzheimer es una parte importante de cualquier plan de tratamiento. Desarrollar y reforzar hábitos que formen parte de la rutina y minimizar las tareas exigentes para la memoria son medidas que pueden facilitar considerablemente la vida de una persona con la enfermedad de Alzheimer.
Puedes adoptar las siguientes medidas de apoyo para no perder la sensación de bienestar y la capacidad continua de desenvolvimiento:
En tu casa siempre mantén las llaves, las billeteras, los teléfonos celulares y otros objetos de valor en el mismo lugar para no perderlos.
Consulta al médico si puede reducir el régimen de medicamentos a una dosis diaria. Además, acomoda las transacciones financieras para que sean por pago o depósito automáticos.
Ten el hábito de llevar contigo un teléfono celular con servicio de ubicación para que puedas hacer una llamada en caso de que estés perdido o confundido, así podrán rastrear tu ubicación a través del teléfono. Además, guarda los números telefónicos importantes en tu teléfono para que no tengas que intentar recordarlos.
Asegúrate de que las consultas regulares, en la medida de lo posible, sean el mismo día y a la misma hora.
Usa un calendario o una pizarra en tu casa para hacer un seguimiento de las tareas diarias. Acostúmbrate a tachar las tareas realizadas para tener la seguridad de que están hechas.
Retira los muebles de más, el desorden y los tapetes.
Coloca barandas fuertes en las escaleras y en los baños.
Asegúrate de que el calzado que uses te sea cómodo y provea una buena tracción.
Reduce la cantidad de espejos. Las personas con la enfermedad de Alzheimer pueden sentir temor o confusión al ver imágenes en espejos.
Deja fotografías y otros objetos significativos en diferentes partes de la casa.
Ejercicio
Hacer ejercicio en forma regular es una parte importante del plan de bienestar de todos, y las personas con la enfermedad de Alzheimer no son la excepción. Actividades como una caminata diaria pueden mejorar el ánimo y mantener la salud de las articulaciones, los músculos y el corazón.
Las personas con la enfermedad de Alzheimer que tienen problemas para caminar pueden, de todos modos, usar una bicicleta fija o hacer ejercicios en una silla.
Nutrición
Las personas que padecen la enfermedad de Alzheimer pueden olvidarse de que tienen que comer, pueden perder el interés en preparar las comidas o no ingerir una combinación de alimentos saludables. También pueden olvidarse de hidratarse bien, y esto provoca deshidratación y estreñimiento.
Opciones:
Batidos saludables con un alto aporte calórico. Puedes incorporar proteínas en polvo (que se venden en supermercados, en farmacias y en tiendas minoristas de descuento) a los batidos o preparar con la licuadora batidos con los ingredientes que prefieras.
Agua, jugo y otras bebidas saludables. Intenta asegurarte de que una persona con la enfermedad de Alzheimer beba, como mínimo, varios vasos llenos de líquido por día. Evita las bebidas con cafeína, que pueden aumentar la inquietud, interferir en el sueño y provocar la necesidad de orinar frecuentemente.
Actualmente, no existe un método de eficacia comprobada para prevenir la enfermedad de Alzheimer. Se están investigando estrategias de prevención. Es posible disminuir el riesgo de tener la enfermedad de Alzheimer reduciendo el riesgo de tener una enfermedad cardíaca.
Muchos de los factores que aumentan el riesgo de tener enfermedades cardíacas también pueden aumentar el riesgo de tener enfermedad de Alzheimer y demencia vascular. Algunos de los factores importantes que pueden influir son presión arterial alta, nivel elevado de colesterol en sangre, sobrepeso y diabetes.
La dieta mediterránea, que se centra en el consumo de productos frescos, aceites saludables y alimentos con bajo contenido de grasas saturadas, puede reducir el riesgo de muerte por una enfermedad cardiovascular o un accidente cerebrovascular. A su vez, esta dieta se ha asociado con un menor riesgo de tener la enfermedad de Alzheimer.
Una vida activa desde el punto de vista físico, mental y social es más placentera y también puede ayudar a reducir el riesgo de tener la enfermedad de Alzheimer.
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