La epilepsia es un trastorno del sistema nervioso central (neurológico) en el que la actividad cerebral se altera, lo que provoca convulsiones o períodos de comportamiento y sensaciones inusuales, y, a veces, pérdida de la consciencia.
Suele abarcar todas las formas de convulsiones de origen cerebral que no tienen otro origen conocido, y afectan a la población de forma crónica. Pero también de forma transitoria.
Los síntomas de las convulsiones pueden variar mucho. Algunas personas con epilepsia simplemente permanecen con la mirada fija por algunos segundos durante una convulsión, mientras que otras mueven repetidamente los brazos o las piernas. Tener una única convulsión no significa que tengas epilepsia. Para un diagnóstico de epilepsia se necesita al menos tener dos convulsiones no provocadas.
Existe gran variedad de crisis epilépticas. Lo que determina la gravedad de la epilepsia es la enfermedad que la causa.
Las epilepsias están motivadas por múltiples causas: genéticas, traumatismos, tumores o enfermedades vasculares.
El estímulo para producir una crisis convulsiva es muy concreto en cada persona afectada de epilepsia, y a esta dosis o cantidad de estímulo se le llama "umbral de la convulsión". Parece ser que si el estímulo fuera altísimo todas las personas pudieran hacer una crisis convulsiva y en los epilépticos el problema es que su umbral es muy bajo.
El trastorno puede ser causado por diversos factores, como ser:
Las epilepsias de causa genética aparecen en las dos primeras épocas de la vida.
Los traumatismos afectan a los niños, adolescentes y adultos jóvenes.
Los tumores cerebrales pueden manifestarse como epilepsia a cualquier edad.
Las enfermedades vasculares cerebrales son causa frecuente de epilepsia en la tercera edad.
Secundarias a problemas de desarrollo o genéticas producidas en el nacimiento, en cuyo caso las convulsiones generalmente comienzan en la infancia.
Infecciones (meningitis, encefalitis, absceso cerebral, complicaciones del SIDA, etc.), afecta a cualquier edad, suelen ser crisis reversibles.
Tener convulsiones en momentos determinados puede llevar a circunstancias peligrosas para ti o para otras personas.
Caídas. Si te caes durante una convulsión, puedes lastimarte la cabeza o romperte un hueso.
Ahogo. Si sufres epilepsia, tienes de 15 a 19 veces más probabilidades con respecto al resto de la población de ahogarte mientras estás nadando o dándote un baño, ya que puedes tener una convulsión mientras estás en el agua.
Complicaciones en el embarazo. Las convulsiones durante el embarazo pueden ser peligrosas tanto para la madre como para el bebé, y ciertos medicamentos antiepilépticos aumentan el riesgo de defectos al nacer. Si tienes epilepsia y estás pensando en quedar embarazada, habla con tu médico mientras planeas tu embarazo.
Problemas de salud emocional. Las personas con epilepsia son más propensas a experimentar problemas psicológicos, especialmente depresión, ansiedad, y pensamientos y conductas suicidas. Los problemas pueden resultar de las dificultades para lidiar con la enfermedad y los efectos secundarios de los medicamentos.
Otras complicaciones posiblemente mortales de la epilepsia son poco frecuentes, pero suceden, como ser:
Estado epiléptico. Este trastorno ocurre si te encuentras en un estado de actividad convulsiva continua que dura más de cinco minutos o si tienes convulsiones recurrentes y frecuentes y no recuperas el conocimiento por completo entre ellas. Las personas con estado epiléptico tienen un mayor riesgo de sufrir daño cerebral permanente o la muerte.
Muerte súbita inesperada en la epilepsia. Las personas con epilepsia también tienen un pequeño riesgo de sufrir muerte súbita inesperada. Se desconoce la causa, pero algunas investigaciones indican que puede ocurrir debido a trastornos cardíacos o respiratorios.
Las personas con crisis tonicoclónicas frecuentes o cuyas convulsiones no estén controladas con medicamentos pueden tener un mayor riesgo de muerte súbita sin causa aparente en epilepsia. En general, aproximadamente el 1 por ciento de la población con epilepsia sufre muerte súbita sin causa evidente en la epilepsia.
El médico puede pedir varias pruebas para diagnosticar la epilepsia y determinar la causa de las convulsiones. La evaluación puede incluir:
Un examen neurológico. El médico puede examinar el comportamiento del paciente, habilidades motoras, función mental y otras áreas para diagnosticar el trastorno y determinar el tipo de epilepsia que puedes tener.
Análisis de sangre. El médico puede tomar una muestra de sangre para detectar signos de infecciones, enfermedades genéticas u otros trastornos que puedan estar asociados con las convulsiones.
Electroencefalograma (EEG). Este es el tipo de estudio más frecuente que se utiliza para diagnosticar la epilepsia. En este estudio, los médicos fijan electrodos en el cuero cabelludo con una sustancia pastosa. Los electrodos registran la actividad eléctrica en tu cerebro.
Es común que presente cambios en el patrón normal de ondas cerebrales, incluso cuando no estés sufriendo una convulsión. El médico puede controlarte por video mientras realiza el electroencefalograma, cuando estás despierto o dormido, para registrar las convulsiones que puedas tener. Registrar las convulsiones puede ayudar al médico a determinar qué tipo de crisis tienes o descartar otras enfermedades.
El médico puede indicarte que hagas algo que provoque convulsiones, como dormir poco antes del estudio.
Electroencefalograma de alta densidad. Como variante del electroencefalograma, el médico puede recomendar un electroencefalograma de alta densidad, en el cual los electrodos se colocan a una distancia más corta que en el electroencefalograma convencional, en que hay una separación aproximada de medio centímetro. El electroencefalograma de alta densidad puede ayudar al médico a determinar con mayor precisión qué zonas del cerebro se ven afectadas por las convulsiones.
Exploración por tomografía computarizada. Una exploración por tomografía computarizada usa rayos X para obtener imágenes transversales del cerebro. La tomografía puede revelar la presencia de anomalías en el cerebro que podrían causar convulsiones, como tumores, sangrado y quistes.
Imágenes por resonancia magnética. Una resonancia magnética usa poderosas ondas de radio e imanes para crear una vista detallada del cerebro. Es posible que el médico pueda detectar lesiones o anomalías en el cerebro que estén causando las convulsiones.
Resonancia magnética funcional. La resonancia magnética funcional mide los cambios que ocurren en el flujo sanguíneo cuando determinadas partes del cerebro están en actividad. Los médicos pueden usar la resonancia magnética funcional antes de la cirugía para identificar las ubicaciones exactas de funciones críticas, como el habla y el movimiento, para que los cirujanos puedan evitar causar lesiones en esas áreas durante la operación.
Tomografía por emisión de positrones.Esta exploración utiliza una pequeña cantidad de material radioactivo en dosis baja que se inyecta en una vena para ayudar a visualizar áreas activas del cerebro y detectar anomalías.
Tomografía computarizada por emisión de fotón único (SPECT). Este tipo de estudio se usa principalmente si ya te han realizado una resonancia magnética y un electroencefalograma que no detectaron la ubicación en el cerebro donde se originan las convulsiones.
Pruebas neuropsicológicas. En estas pruebas, los médicos evalúan las habilidades del pensamiento, la memoria y el habla. Los resultados de las pruebas ayudan a los médicos a determinar qué áreas del cerebro están afectadas.
Además de los resultados de las pruebas, el médico puede utilizar una combinación de técnicas de análisis para ayudar a detectar dónde comienzan las convulsiones cerebrales:
Cartografía estadística paramétrica. La cartografía estadística paramétrica es un método en el que se comparan las zonas del cerebro que presentan un aumento del metabolismo durante las convulsiones en cerebros normales, lo que les puede dar a los médicos una idea de dónde comienzan las convulsiones.
Análisis de Curry El análisis de Curry es una técnica en la que se toman los datos del electroencefalograma y se los proyecta sobre una resonancia magnética del cerebro para que los médicos puedan ver dónde ocurren las convulsiones.
Magnetoencefalografía. La magnetoencefalografía mide los campos magnéticos que produce la actividad cerebral para identificar las posibles áreas donde comienzan las convulsiones.
El diagnóstico preciso del tipo de convulsiones y el área en donde comienzan ofrece la mejor posibilidad de encontrar un tratamiento efectivo.
La epilepsia es una enfermedad crónica, fruto de la descarga eléctrica anormal de las neuronas en la corteza cerebral.
Encontrar el medicamento y la dosis adecuados puede ser complejo. El médico considerará la enfermedad, la frecuencia de las convulsiones, la edad y otros factores al elegir qué medicamento recetar. También revisará cualquier otro medicamento que pudieras estar tomando para asegurar que los medicamentos antiepilépticos no interactúen con ellos.
El tratamiento farmacológico de la epilepsia puede durar varios años. Por este motivo debe ser supervisado por un especialista en epilepsia para obtener el máximo beneficio terapéutico y minimizar el riesgo de efectos adversos.
Algunos fármacos que se pueden usar para esta enfermedad son: Aciryl, Acomicil y Buccolam, que contienen principios activos como la Pregabalina, es probable que, en principio, el médico recete un solo medicamento con una dosis relativamente baja y luego la aumente de manera gradual hasta que las convulsiones estén bien controladas.
Los medicamentos anticonvulsivos pueden tener algunos efectos secundarios. Algunos de los efectos secundarios leves son:
Fatiga
Mareos
Aumento de peso
Pérdida de densidad ósea
Erupciones en la piel
Pérdida de coordinación
Problemas del habla
Problemas de memoria y para pensar
Cirugía
Cuando los medicamentos no brindan el control adecuado de las convulsiones, la cirugía puede ser una opción. En la cirugía para tratar la epilepsia, el cirujano extrae la parte del cerebro que provoca las convulsiones.
Por lo general, los médicos realizan la cirugía cuando las pruebas muestran que:
Las convulsiones se originan en una zona pequeña y bien definida del cerebro
La zona del cerebro que se operará no interfiere en las funciones vitales, como el habla, el lenguaje, la función motora, la visión o la audición
Terapias
Además de los medicamentos y la cirugía, estas terapias posibles ofrecen una alternativa para tratar la epilepsia:
Estimulación del nervio vago. En este procedimiento, los médicos implantan un dispositivo denominado estimulador del nervio vago en el pecho debajo de la piel, similar a un marcapasos cardíaco. Los cables del estimulador están conectados al nervio vago en el cuello.
El dispositivo, alimentado a batería, envía descargas de energía eléctrica al cerebro a través del nervio vago. No está claro cómo esto inhibe las convulsiones, pero, por lo general, el dispositivo puede reducirlas entre un 20 y un 40 por ciento.
Dieta cetogénica: En esta dieta, el cuerpo descompone las grasas, en lugar de los hidratos de carbono, para obtener energía. Después de unos años, algunos pacientes pueden suspender la dieta cetogénica (con la estrecha supervisión de sus médicos) y seguir sin convulsiones.
Estimulación cerebral profunda. En la estimulación cerebral profunda, los cirujanos implantan electrodos en una parte específica del cerebro, generalmente en el tálamo. Los electrodos están conectados a un generador implantado en el pecho o en el cráneo que envía impulsos eléctricos al cerebro y puede reducir las convulsiones.
No existe una forma clara de prevención de las crisis convulsivas, pero una dieta equilibrada, dormir lo suficiente y no tomar alcohol o drogas puede hacer disminuir las crisis.
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