La disfunción cardiaca y la renal coexisten con alta prevalencia. Se ha definido a esta entidad clínica como síndrome cardiorrenal y una de sus características principales es la resistencia al tratamiento. Se clasifica de acuerdo con su forma de presentación y componentes fisiopatológicos. Existen distintos enfoques terapéuticos para controlar o limitar el progreso de la enfermedad.
La enfermedad cardiorrenal puede ser clasificada en cinco tipos:
Los dos primeros son cardíacos y los dos segundos son renales. En ocasiones puede ser difícil establecer la diferencia, principalmente entre los tipos 2 y 4, en los que no se conoce si el evento primario fue cardíaco y posteriormente se comprometió la función renal o viceversa.
El tipo 1 se refiere a un deterioro agudo de la función cardíaca que lleva a disfunción renal. Por lo general son insuficiencias cardíacas agudas -miocarditis o infartos- que después desarrollan insuficiencia cardíaca aguda.
El tipo 2 consiste en anomalías crónicas de la función cardíaca, es decir una insuficiencia cardíaca crónica que lleva a disfunción renal.
En el tipo 3 o síndrome reno-cardíaco agudo, se asume que el evento primario es el daño renal y que este deterioro agudo, generalmente una insuficiencia renal aguda, lleva a insuficiencia cardíaca.
El tipo 4, el síndrome reno-cardíaco crónico, presenta anormalidades crónicas de la función renal que llevan posteriormente a disfunción cardíaca. Por lo general es difícil diferenciar del tipo 2, síndrome cardio-renal crónico.
Se agregó un quinto tipo que corresponde al síndrome cardio-renal secundario, en el que simultáneamente se afectan los dos órganos. Esto se presenta por lo general en enfermedades sistémicas como sepsis, vasculitis o amiloidosis, en las cuales la enfermedad tiene mecanismos que llevan a disfunción simultánea de los órganos.
Esta enfermedad es consecuencia de una insuficiencia cardíaca. La disminución del gasto cardíaco ocasiona una reducción del flujo renal con la consiguiente activación del sistema renina-angiotensina-aldosterona y un incremento de la actividad simpática y ambas modificaciones fisiopatológicas provocan vasoconstricción de las arteriolas renales que ocasionan retención de agua y sal con aumento del volumen plasmático y mayor sobrecarga de trabajo para un corazón ya insuficiente así, “el corazón arremete contra el riñón y este responde atacando al corazón”.
Asimismo, la anemia influye sobre la reducción del flujo renal.
Las complicaciones incluyen daños mayores en las estructuras del riñón, así como en sus funciones.
Los criterios propuestos para el diagnóstico son: insuficiencia cardiaca, insuficiencia renal y compromiso hemodinámico. La detección de las etapas tempranas del síndrome resulta difícil, ya que requiere experiencia clínica y alto grado de sospecha. Lo complejo de la entidad obliga a detectarla de manera temprana. Debido a que puede ser oligosintomático de manera inicial, se sugiere análisis específico en pacientes de alto riesgo.
La velocidad de filtrado glomerular estimada (eVFG) es útil para monitorear la progresión de ERC. La creatinina sérica es un criterio para definir la severidad de daño renal. El uroanálisis ayuda a identificar la naturaleza del daño renal. Una marcada proteinuria (> 3.5 g/día) sugiere enfermedad glomerular. La microalbuminuria es un indicador temprano de daño renal. Los biomarcadores prometen ser un medio de diagnóstico temprano en pacientes.
Hasta el momento no existe un tratamiento único para el SCR. El abordaje debe ser de forma multidireccional. No se ha demostrado que los tratamientos convencionales para insuficiencia cardiaca y renal ofrezcan beneficio adicional. El manejo de diuréticos e IECA, cuando la TFG es menor a 30 mL/min, debe llevarse a cabo con precaución. Las estrategias están encaminadas a proteger y, si es posible, lograr mejoría funcional del riñón. Asimismo, en algunos casos puede ser recomendado el uso de vasodilatadores y inotrópicos.
En ciertos casos puede ser necesario llegar a recurrirse a la extracción mecánica de fluidos (ultrafiltración).
La detección de temprana de esta enfermedad y el inicio de su tratamiento inmediato ayuda a prevenir mayores complicaciones.
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