El síndrome de dificultad respiratoria de adulto o síndrome
de dificultad respiratoria aguda (SDRA) es una afección pulmonar la cual impide
la llegada de suficiente oxígeno a los pulmones y a la sangre, haciendo que
esta afección pueda ser mortal.
El síndrome de dificultad respiratoria del adulto puede ser
causado por cualquier lesión directa o indirecta al pulmón. Entre algunas de
las causas relacionadas se encuentran:
Aspiración de vómito a los pulmones.
Inhalación de químicos.
Complicaciones por trasplante de pulmón.
Neumonía.
Shock séptico.
Traumatismos.
Entre las complicaciones más frecuentes relacionadas con
esta afección se encuentran:
Desarrollo de coágulos sanguíneos.
Colapso pulmonar (neumotórax).
Riesgo de contraer infecciones.
Posible formación de fibrosis pulmonar.
Para el diagnóstico del síndrome de dificultad respiratoria
en el adulto suele realizarse una evaluación física en la cual se comprueba el
tórax con un estetoscopio en busca de ruidos respiratorios anormales presión
arterial baja y cianosis (coloración azulada de la piel, los labios y las uñas,
por causa de falta de oxígeno a los tejidos).
Además de esto otras pruebas usadas para el diagnóstico son:
Gasometría arterial: Consiste en recoger una pequeña
cantidad de sangre venosa o arterial para después analizarla en el laboratorio.
Hemograma: Es un análisis de sangre que se usa para evaluar
el estado de salud general y detectar una amplia variedad de enfermedades
Hemocultivos: Este análisis se realiza ante la sospecha de
que la sintomatología del paciente obedece a la existencia de un proceso
infeccioso en curso o la necesidad de detectar el microorganismo que lo genera
para instaurar el tratamiento farmacológico más efectivo.
Broncoscopia: Esta prueba consiste en la visualización de
las vías respiratorias, y la recolección muestras de secreciones respiratorias,
con el fin de analizarlas.
Radiografía de tórax: Mediante el uso de rayos X se busca
obtener imágenes del tórax, con el fin de detectar la presencia de
anormalidades en los pulmones.
Tomografía computarizada: Este procedimiento utiliza una
tecnología sofisticada de rayos X para ayudar a detectar anomalías en los
pulmones.
Cultivo de esputo: Esta prueba busca detectar microbios que
causen infección. El esputo es el material que sale de las vías respiratorias
cuando se tose profundamente.
Ecocardiografía: En esta prueba son usadas ondas sonoras de
alta frecuencia (ultrasonidos), para buscar información acerca de la forma, el
tamaño y la fuerza del corazón, el movimiento y grosor de sus paredes y el
funcionamiento de sus válvulas.
El objetivo principal del tratamiento se centra primeramente
en estabilizar los niveles de oxígeno en la sangre. Por ello el tratamiento
comprende:
Oxígeno: La administración de oxígeno puede realizarse a
través de una máscara que se ajusta herméticamente alrededor de la nariz y de
la boca, y puede usarse para aliviar síntomas leves o como medida temporal.
Ventilación mecánica: En la mayoría de los casos quienes
padecen esta afección requieren la ayuda de un respirador artificial. Este se
encarga de llevar el aire hacia los pulmones y expulsar parte del líquido por
los sacos de aire.
Líquidos: Mantener un control cuidadoso de la cantidad de
líquido administrado por vía intravenosa es vital ya que, una cantidad excesiva
puede aumentar la acumulación de líquido en los pulmones. Mientras que cantidad
insuficiente puede provocar un trauma al sobrecargar el corazón y otros órganos.
Medicamentos: Generalmente son administrados medicamentos
para prevenir y tratar infecciones, aliviar el dolor y el malestar, sedar, evitar
coágulos sanguíneos en las piernas y en los pulmones y minimizar el reflujo
gástrico.
La principal medida de prevención para el síndrome de
dificultad respiratoria del adulto es buscar tratamiento inmediato ante
cualquier lesión directa o indirecta en los pulmones.
Correo ocupado
Correo aceptado
Al registrarte, estarás aceptando nuestros Términos y Condiciones.