Las fisuras anales y rectales son un pequeño desgarro en la
mucosa (tejido húmedo y delgado que recubre el ano y el recto). Las fisuras
anales y rectales pueden ocurrir al intentar evacuar heces grandes u duras.
Este tipo de fisuras suele causar dolo y sangrado al intentar evacuar, además
de causar la sensación de espasmos en el esfínter anal (anillo de músculo que
se encuentra en el extremo del ano).
Las fisuras de la región anal y rectal pueden afectar a
personas de cualquier edad. Sin embargo, se presentan con mayor frecuencia en
bebés pequeños, aunque también pueden afectar a personas de cualquier edad. Por
lo general, en la mayoría de los casos de fisuras de la región anal y rectal,
estas suelen mejorar con tratamientos como cambios en la dieta, aunque en
algunas ocasiones suele requerirse de la administración de medicamentos, y
algunas veces, requerir cirugía.
Por lo general, en la mayoría de los casos las fístulas
anales y rectales son producto de una infección que comienza en el ano. Esta
infección causa un absceso que puede drenar materia purulenta, materia fecal e
incluso sangre, causando picor y manchado de ropa interior.
Las causas de las fisuras y fístulas de la región anal y
rectal se relacionan con:
Estreñimiento.
Expulsión de heces grandes o duras y esfuerzo en las
evacuaciones intestinales.
Diarrea crónica.
Inflamación de la región anorrectal.
Parto.
Cáncer anal.
Presencia de VIH.
Tuberculosis.
Sífilis y herpes.
Además de esto existen ciertos factores de riesgo los cuales
pueden aumentar las probabilidades de padecer de estas afecciones:
En el caso de los
bebés, tener alrededor de un año.
Edad avanzada.
Practicar relaciones sexuales anales.
Enfermedad de Crohn.
En el caso de las fístulas, infecciones que den origen a abscesos.
Entre las posibles complicaciones que pueden presentar las
fisuras y fístulas de la región anal y rectal se encuentran posibles problemas
para la curación de la fisura o fístula, reaparición de la fisura o fístula y
extensión de los músculos anales, lo cual dificultad la curación.
Entre las pruebas usadas para diagnosticar las fisuras y
fístulas de la región anal y rectal se encuentran:
Examen tacto rectal: Este examen es una exploración física
la cual sirve para identificar el tamaño de la fisura o fístula, su estado y la
dirección de la fisura o fístula.
Ecografía endorrectal: Este procedimiento consiste en el uso de
una sonda giratoria para realizar una exploración la cual obtiene imágenes del
canal anal y del recto, para así poder estudiar estas áreas.
Resonancia magnética: Es una prueba imagenológica la cual permite
evaluar de forma más detallada los planos extraesfinterianos y diferenciar el
tejido inflamatorio del fibroso. Suele ser especialmente útil para el estudio
de fístulas extraesfinterianas.
Sigmoidoscopia flexible: Consiste en la inserción de un tubo
flexible y delgado con una pequeña cámara de video hacia la parte interior del
colon.
Colonoscopia: Este procedimiento consiste en la inserción de
un tubo flexible en el recto para inspeccionar todo el colon. Por lo general
esta prueba suele recomendarse si la persona tiene más de 50 años o si presenta
factores de riesgo de cáncer de colon o señales y síntomas de otras
enfermedades.
Enema opaco: Es un examen el cual consiste en la toma de una
radiografía especial del intestino grueso, específicamente de la zona entre el
colon y el recto.
El tratamiento para las fisuras anales puede incluir la aplicación
de nitroglicerina de aplicación externa (Rectiv), para ayudar a aumentar el
flujo sanguíneo hacia la fisura, promover la cicatrización y ayudar a relajar
el esfínter anal; la aplicación de cremas anestésicas tópicas, como lidocaína
clorhidrato (Xylocaine), para ayudar a aliviar el dolor y la administración de
inyecciones para paralizar el músculo del esfínter anal y relajar los espasmos,
como las inyecciones de toxina botulínica tipo A (Botox).
Además de esto pueden ser recomendados medicamentos para la
presión arterial como la nifedipina (Procardia) o diltiazem (Cardizem) para
ayudar a relajar el esfínter anal.
Cirugía: En aquellos casos donde la fisura anal sea crónica
resistente a otros tratamientos, o los síntomas sean intensos la cirugía puede
ser una opción.
La cirugía usada para tratar las fisuras anales es la esfinterotomía
lateral interna. Este procedimiento consiste en cortar una pequeña porción del
músculo del esfínter anal para disminuir el espasmo y el dolor y ayudar a la
curación.
En el caso de las fístulas de la región anal y rectal estas suelen requerir una intervención quirúrgica llamada fistulectomía, la cual consiste en extirpación del trayecto fistuloso, para tratar la fístula, y evitar mayores complicaciones.
Para las fisuras de la región anal y rectal la principal
medida es evitar el estreñimiento. Para ello consumir mayor cantidad de
alimentos los cuales contengan fibra, beber mucho líquido y practicar ejercicio
de forma regular pueden ayudar.
En el caso de las fístulas de la región anal y rectal lo principal
es mantener una higiene adecuada de la región anal y rectal, así como evitar el
estreñimiento. Además de esto en caso de presentar una fístula, en vital
consultar con un médico de inmediato.
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