La hepatitis C es una infección viral que provoca una inflamación del hígado y, en ciertas ocasiones, tiene como consecuencia un daño hepático grave. El virus de la hepatitis C (VHC) se propaga a través de sangre contaminada.
Hasta hace poco tiempo, el tratamiento para la hepatitis C requería inyecciones semanales y medicamentos de administración oral que muchas personas infectadas con el VHC no podían tomar debido a otros problemas de salud o a efectos secundarios inaceptables.
Eso está cambiando. En la actualidad, la hepatitis C crónica generalmente puede curarse con medicamentos de administración oral que se toman todos los días durante un período de dos a seis meses. Aun así, alrededor de la mitad de las personas que tienen VHC no saben que están infectadas, principalmente, porque no tienen síntomas; estos últimos pueden tardar décadas en aparecer.
La infección por hepatitis C es provocada por el virus de la hepatitis C. La infección se propaga cuando la sangre contaminada con el virus ingresa al torrente sanguíneo de una persona que no está infectada.
A escala mundial, el VHC existe de varias maneras diferentes, conocidas como genotipos. El genotipo del VHC más frecuente en los Estados Unidos y Europa es el tipo 1. El tipo 2 también ocurre en los Estados Unidos y Europa, pero es menos frecuente que el tipo 1. Tanto el tipo 1 como el tipo 2 también se han propagado por todo el mundo, aunque otros genotipos causan la mayoría de las infecciones en el Medio Oriente, Asia y África.
Aunque la hepatitis C crónica siga un curso similar independientemente del genotipo del virus que infecta, las recomendaciones del tratamiento varían según el genotipo vírico.
La infección de hepatitis C que permanece por muchos años puede causar complicaciones significativas, como las siguientes:
-Fibrosis del hígado (cirrosis). Tras padecer hepatitis C por 20 o 30 años, es posible tener cirrosis. La fibrosis hepática puede dificultar la función del hígado.
-Cáncer de hígado. Un número pequeño de personas con hepatitis C puede desarrollar cáncer de hígado.
-Insuficiencia hepática. La cirrosis avanzada puede hacer que tu hígado deje de funcionar.
Los funcionarios de salud recomiendan que todos los que presenten un alto riesgo de haber estado expuestos al virus de la hepatitis C se realicen un análisis de sangre para detectar si existe infección por este virus. Las personas que quizás deseen hablar con sus médicos acerca del análisis para detección de hepatitis C incluyen a las siguientes:
-Cualquiera que alguna vez se haya inyectado o haya inhalado drogas ilegales.
-Cualquiera que presente anomalías en los resultados de la prueba de la función hepática sin causa identificada.
-Bebés que nacieron de madres con hepatitis C.
.Trabajadores de servicios de cuidado de la salud y de urgencias que han estado expuestos a sangre o a pinchazos accidentales de agujas.
-Personas con hemofilia que recibieron tratamiento con factores de coagulación antes del año 1987.
-Personas que alguna vez han recibido tratamientos prolongados de hemodiálisis.
-Personas que recibieron transfusiones sanguíneas o trasplantes de órganos antes del año 1992.
-Parejas sexuales de todos los que han recibido un diagnóstico de infección por hepatitis C
-Personas que tienen infección por VIH.
-Cualquiera que haya nacido entre los años 1945 y 1965.
-Cualquiera que haya estado en prisión.
Otros análisis de sangre
Si un análisis de sangre al principio muestra que tienes hepatitis C, con los análisis de sangre adicionales será posible:
-Medir la cantidad de virus de hepatitis C en tu sangre (carga viral).
-Identificar el genotipo del virus.
Pruebas para daños hepáticos
Los médicos normalmente utilizan una o más de las siguientes pruebas para evaluar el daño hepático en la hepatitis C crónica.
Elastografía por resonancia magnética. Una alternativa no invasiva para la biopsia de hígado (ver a continuación) es la elastografía por resonancia magnética que combina la tecnología de las imágenes por resonancia magnética con los patrones formados por las ondas sonoras que rebotan en el hígado para crear un mapa visual que muestra el grado de rigidez en todo el hígado. Un tejido hepático rígido indica la presencia de fibrosis, o cicatrices en el hígado, como consecuencia de la hepatitis C crónica.
Elastografía de transición. Otra prueba no invasiva es la elastografía de transición, la cual es una forma de ecografía que transmite vibraciones al hígado y mide la velocidad de la dispersión de estas por el tejido hepático para medir la rigidez.
Biopsia de hígado. Esta prueba normalmente se realiza utilizando una ecografía como guía e incluye la inserción de una aguja fina a través de la pared abdominal para extraer una pequeña muestra de tejido hepático para analizarla en el laboratorio.
Elastografía transitoria. Un miembro del equipo de atención médica realiza una elastografía transitoria, una alternativa indolora a la biopsia de hígado, para evaluar el daño hepático.
Protégete a ti mismo contra la infección por hepatitis C mediante las siguientes precauciones:
-Deja de consumir drogas ilegales, especialmente si te las inyectas. Si consumes drogas ilegales, busca ayuda.
-Sé precavido en cuanto a las perforaciones corporales y los tatuajes. Si decides hacerte una perforación o un tatuaje, busca una tienda que tenga buena reputación. Haz preguntas con antelación acerca de cómo limpian los equipos. Asegúrate de que los empleados utilicen agujas estériles. Si los empleados se niegan a responder lo que preguntas, busca otra tienda.
-Mantén relaciones sexuales de manera más segura. No mantengas relaciones sexuales sin utilizar protección con múltiples parejas o con cualquier pareja cuyo estado de salud no conoces. La transmisión sexual entre parejas monógamas puede ocurrir, pero el riesgo es menor.
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