La miositis es una afección la cual consiste en la inflamación
de los músculos usados para el movimiento del cuerpo. La miositis puede ser
provocada por una enfermedad autoinmune, una lesión o una infección o una
enfermedad autoinmune.
Existen dos tipos principales de miositis:
Polimiositis: Este tipo suele afectar a los músculos del
cuerpo, provocando debilidad muscular.
Dermatomiositis: Afecta también a los músculos del cuerpo,
ocasionando además de esto la presencia de sarpullido en la piel.
En la miositis, factores como lesiones, infecciones y trastornos autoinmunitarios
pueden influenciar en su aparición. Además de esto, por alguna razón la
miositis suele afectar mayormente a los niños entre 5 y 15 años y a los adultos
que tienen entre 30 y 60 años.
Entre las posibles complicaciones de la polimiositis se
encuentran:
Dificultad para tragar.
Problemas respiratorios.
Neumonía por aspiración.
Entre las pruebas para diagnosticar la miositis se encuentran:
Análisis de sangre: Una prueba sanguínea puede detectar niveles
elevados de enzimas musculares, lo cual puede ser indicio de daño en los
músculos. También permite identificar autoanticuerpos específicos relacionados
con los síntomas de la miositis, para así establecer el mejor medicamento y el
mejor tratamiento.
Resonancia magnética: es una prueba en la cual mediante el
uso de un escáner y de un intenso campo magnético y ondas de radio, se crean
imágenes transversales de los músculos del cuerpo con el fin de verificar la
presencia de inflamación en áreas grandes de músculos.
Electromiografía: Es un procedimiento el cual consiste en
la inserción de un electrodo de aguja fina en el interior del músculo a través
de la piel. Usando esto puede medirse la actividad eléctrica a medida que se
relaje o se tense el músculo, para así detectar cambios en el patrón de la
actividad eléctrica que puedan confirmar la existencia de una enfermedad
muscular.
Biopsia muscular: es un procedimiento el cual consiste en
la extracción de un pedazo pequeño de tejido muscular a través de una
intervención quirúrgica con el fin de analizarlo en busca de anormalidades.
La miositis no tiene cura. Su tratamiento se centra en mejorar
la fuerza y función musculares. Además de esto, el tratamiento será aplicado en
base a los síntomas que se presenten.
Entre los posibles tratamientos se encuentran:
Corticoesteroides: Los medicamentos corticoesteroides
resultan muy eficaces para ayudar al control de los síntomas. Uno muy usado es
la prednisona.
Drogas complementarias a los corticoesteroides: En algunas
ocasiones pueden combinarse ciertas drogas con un corticoesteroide. Entre los
más recomendados se incluyen la azatioprina (Azasan, Imuran), el metotrexato
(Trexall), el micofenolato mofetilo (CellCept), la ciclosporina y el
tacrólimus.
En aquellos casos en donde otros medicamentos no logren
controlar los síntomas, puede ser recomendado el uso de Rituximab (Rituxan).
Aunque las causas exactas de la miosis no son conocidas
debido la variedad de factores que influyen en su aparición, existen algunas
medidas las cuales pueden ayudar a prevenir la miositis.
Entre estas medidas están:
Evitar el consumo de drogas.
Reducir el consumo de carne cruda.
Vacunarse contra la gripe al menos una vez por año.
En el caso de que se deba inyección de un medicamento,
asegurarse de que el lugar a inyectar esté limpio.
Correo ocupado
Correo aceptado
Al registrarte, estarás aceptando nuestros Términos y Condiciones.