El síndrome nefrítico crónico es una enfermedad caracterizada por la aparición de sangre en la orina (hematuria), elevación de la tensión (hipertensión arterial) y un fallo agudo de la función renal que provoca que se orine menos (oligoanuria), se retenga líquido y como consecuencia la persona se hinche (edema).
Estas alteraciones pueden presentarse en conjunto o de forma individual, y en mayor o menor grado.
El síndorme nefrítico se produce cuando unas estructuras llamdas glomérulos, que forman parte del riñón se inflaman.
Los glomérulos (glomerulonefritis) actúan como un filtro o colador, y se suele producir tras una infección, como unas anginas o una infección de la piel producida por una bacteria llamada estreptococo (glomerulonefritis aguda postestreptocócica). Cabe destacar que no se trata de una infección del riñón, sino que se produce como resultado de una respuesta inflamatoria tras la infección.
En otros casos, el glomérulo puede alterarse sin una causa conocida (glomerulonefritis primarias) o por enfermedades que afectan a otras partes del cuerpo, como ocurre en el lupus eritematoso sistémico, la púrpura de Schönlein-Henoch, o la nefropatía Ig A (inmunoglobulina A).
Si el síndrome nefrítico crónico no es tratado a tiempo puede ocasionar mayores complicaciones como el daño irreversible del riñón.
Para diagnosticar el síndrome nefrítico crónico se puede solicitar un análisis de orina en el que se objetivará hematuria con o sin proteinuria y un análisis de sangre para evaluar la función renal.
Además de esto, se pueden solicitar otras pruebas como: cultivo faríngeo o de piel, análisis inmunológicos (anticuerpos implicados en la alteración del glomérulo).
En caos muy específicos, puede ser necesario realizar una biopsia renal (análisis de una muestra de riñón) para evaluar la causa y la gravedad de la afección.
No existe un tratamiento específico del síndrome nefrítico. El objetivo es controlar las alteraciones que produce hasta que la enfermedad remita espontáneamente:
Se recomienda no abusar de la sal. Si existen edemas y/o hipertensión arterial hay que realizar una dieta exenta de sal y disminuir la ingesta de líquidos.
En ocasiones se precisa tratamiento con diuréticos (medicinas para que se orine más) para conseguir que los edemas y la hipertensión disminuyan.
En los casos más graves y que no remiten espontáneamente, a veces se requiere el uso de corticoides e incluso otros inmunosupresores (para controlar la respuesta inmune que está dañando el riñón) dependiendo de la causa.
Se recomienda no abusar de la sal.
Ante cualquier anormalidad con la orina lo más recomendable es acudir a un médico.
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