La cromomicosis es una infección crónica de la piel y de tejido subcutáneo, predominante en miembros inferiores, sobre todo en el pie.
En la mayoría de los casos es causada por hongos dematiáceos (de pigmentación oscura) y parasitarios de los géneros Fonsecaea pedrosoi, Phialophora verruscosa y Cladosporium carrionii.
Los hongos se encuentran con predilección en lugares tropicales especialmente con temperaturas promedio anuales >25-28°C, suelo seco, poca elevación del terreno (<500 m) y precipitaciones menores de un metro (800 mm) al año. Por ello son lugares áridos con vegetación cactácea y ecotono espinoso (xerofítica), donde los habitantes y trabajadores del campo suelen andar sin zapatos cubiertos (sandalias, chancletas, huaraches o alpargatas).
Es considerada una infección poco frecuente, común en adultos mayores de 20 años y en menor proporción en mujeres y niños aunque es cosmopolita; su prevalencia es considerable en América Latina. Las poblaciones más afectadas son las que habitan en zonas rurales en especial donde la actividad laboral principal es la cría de caprinos entre quienes prevalece un constante riesgo de traumatismo con la vegetación xerófita.
Se ha clasificado, nodular o tumoral, la más prevalente, dermatitis verrucosa, vegetante o papilomatosa, cromomicosis elefantiásica por estasis linfática, psoriasiformeo en placa cicatrizal.
La infección bacteriana es la complicación más frecuente, aunque se han reportado casos de pacientes con cuadro de elefantiasis, linfedema y carcinoma epidermoide insertado en lesiones de larga evolución.
El diagnóstico se confirma en el examen directo al microscopio al demostrar en una lámina con hidróxido de potasio (KOH), la presencia de cuerpos escleróticos pigmentados en las escamas y costras de las lesiones más un cultivo.
Los antimicóticos más utilizados son itraconazol oral, terbinafina, tiabendazol, ketoconazol, 5-fluorocitosina, anfotericina B, fluconazol, posaconazol y voriconazol.
Además puede utilizarse crioterapia con nitrógeno líquido, electrodesecación local, radioterapia, láser de CO2, terapia fotodinámica y la cirugía.
Los antimicóticos más utilizados son itraconazol oral, terbinafina, tiabendazol, ketoconazol, 5-fluorocitosina, anfotericina B, fluconazol, posaconazol y voriconazol.
Además puede utilizarse crioterapia con nitrógeno líquido, electrodesecación local, radioterapia, láser de CO2, terapia fotodinámica y la cirugía.
La educación del paciente encaminada a que solicite los cuidados médicos necesarios en forma temprana y oportuna son esenciales para evitar la diseminación del padecimiento que dificulta mucho el tratamiento eficaz y hace prácticamente imposible la curación.
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