La placenta previa consiste en una complicación producida cuando la placenta se sitúa muy cerca de abertura en el cuello del útero de la madre, obstruyendo parcial o totalmente esta salida.
Se desconocen las causas exactas por los que se presenta esta complicación. Sin embargo, se sabe que se encuentra asociada a ciertos factores de riesgo como:
Si la placenta previa no es detectada y tratada a tiempo, preferiblemente durante el primer trimestre del embarazo, puede generar mayores complicaciones como:
El diagnóstico de la placenta previa incluye evaluación física en base a los síntomas, así como la realización de pruebas de laboratorio. Asimismo, su médico puede solicitar la realización de pruebas de imágenes diagnósticas como un ultrasonido o una ecografía.
Para el tratamiento de la placenta previa el médico evaluará los síntomas y el estado de la paciente para decidir cuál es el tratamiento más adecuado.
Si el sangrado ha sido pequeño o moderado y parte de la placenta también es de menor tamaño, probablemente se le recomiende el uso de medicamentos para evitar el parto prematuro. Asimismo, se le recomendará reposo, el cual puede durar mínimo hasta la semana 36 del embarazo.
Por lo general, suelen recomendar corticoesteroides para ayudar al desarrollo de los pulmones del bebé, así como se deberán evitar las duchas vaginales y las relaciones sexuales durante este tiempo.
Cuando este tiempo haya sido superado sin complicaciones, su médico podrá solicitar una amniocentesis para comprobar el estado del feto y el nivel del líquido amniótico. A partir de este momento se evaluarán los riesgos de realizar un parto p0rematuro por cesárea.
En caso de que el sangrado haya sido abundante, y además de esto la parte de la placenta que obstruye el cuello uterino sea extensa se harán trasfusiones de sangre a la madre, y se deberá evaluar el grado de supervivencia del feto si se realiza un parto prematuro.
En la mayoría de los casos el parto suele ser a través de la cesárea ya que un parto vaginal podría causar una gran hemorragia que podría ser fatal tanto para la madre como para el bebé. En aquellas situaciones más graves pueden llegar a necesitarse embolizaciones o incluso la extracción del útero.
Aunque no existe manera de prevenir la placenta previa debido a que se desconocen las causas exactas que la ocasionan, el evitar sus factores de riesgo como fumar, evitar el consumo de drogas y llevar un control adecuado del embarazo, pueden ayudar a disminuir los riesgos de padecer de esta complicación.
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