El culto al cuerpo, a la apariencia por encima de todo, está calando hondo en las sociedades modernas y en sus habitantes. Con una pasividad pasmosa, estamos llegando a un punto en el que las personas dejan de tener valor si no tienen una apariencia deseable, en la mayoría de los casos apariencias basadas en cuerpos imposibles y cánones que desnaturalizan lo humano.
La hipersexualización consiste en definir el canon de belleza en función del deseo sexual que despierta, es una tendencia que aparece como consecuencia lógica a esta realidad. Esta tendencia que está calando hondo y extendiéndose como una plaga, supone reconocer el valor social en función del deseo sexual. Es decir, cuanto más deseo sexual despierte, más valor social tiene la persona.
Además de ser poco natural y de suponer una valoración sesgada e incompleta, tiene graves consecuencias en el bienestar y equilibrio de las personas. La búsqueda de la eterna juventud y el anhelo de un aspecto físico, que en la mayoría de las ocasiones se escapa de la lógica y de lo natural, se convierten en un deseo que nunca se consigue, ya que se persigue un imposible, llegando a ser una obsesión que genera frustración.
En el 2001, el informe Bailey define por primera vez el concepto de hipersexualización infantil como “la sexualización de las expresiones, posturas o códigos de la vestimenta considerados como demasiado precoces”. En este informe se condena el uso y la sexualización de los niños, y en especial de las niñas como medio para vender determinados productos que van desde juegos, comidas, muñecas, ropa, hasta casas, coches, joyas, viajes, etcétera. Esta sexualización resulta, además de excesivamente precoz, innatural e insana para su desarrollo.
Prevenir la hipersexualización infantil es algo complicado, ya que estamos ante un patrón que se extiende como una epidemia en nuestras sociedades modernas, y que se sirve de los grandes medios de comunicación de masas para llegar a todos los rincones. Medios que, con la excusa de entretenernos, aprovechan para transmitir mensajes subliminales. Mensajes que nos hacen comprar, que nos hacen consumir cierto tipo de productos y cierto tipo de ocio. Y, lo que es peor, mensajes que nos hacen pensar, que nos hacen ser y que nos hacen comportarnos y sentir de un modo específico.
No obstante, hay muchas cosas que están en nuestra mano para evitar caer en la hipersexualización de nuestros hijos. Estos son algunos consejos para prevenir el fenómeno de la hipersexualización en niños y niñas:
-El primer paso es analizar nuestros propios valores y principios, aquellos que estamos transmitiendo a nuestros niños y niñas. Sí que es cierto que no seremos el único modelo que reciban, pero si somos un modelo libre del patrón de hipersexualización estaremos ofreciéndoles otra alternativa, estamos dándoles otra opción.
-Cuidado con los medios, es nuestra labor dosificar los medios y comprobar que los contenidos a los que acceden por televisión o Internet son apropiados para su edad.
-Desarrollar su sentido crítico. Podemos dosificar los medios, pero no podemos eliminarlos por completo, tampoco es bueno. Los niños y niñas han de conocer el mundo, la sociedad en la que se mueven, pero es nuestra labor dotarles de las herramientas necesarias para moverse en ella.
-La comunicación. Es importante tanto explicarles como escuchar sus interpretaciones y creencias.
-Transmitir valores más humanos, como la colaboración, el amor, el respeto, el valor de la persona como algo más que los adornos y el atractivo físico.
-El desarrollo de un autoconcepto completo que englobe a la persona de manera integral es fundamental y servirá de base para una rica autoestima.
-La comprensión de algo muy lógico: cada persona es única y diferente, las personas somos heterogéneas y nuestra belleza se encuentra en nuestras diferencias y en nuestra actitud.
Fuente: www.webconsultas.com
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