“Cuando acabó el partido le dijimos a los jugadores que acababan de hacer algo histórico, algo que nunca se había hecho antes en un Europeo de esta categoría”, dice Santi Denia, segundo entrenador de la selección española sub-21, La Rojita, que el sábado pasado derrotó 5-0 a Polonia, hasta entonces primer clasificado del Grupo A. El zarpazo fue tal que España pasó del tercer puesto al primero y eliminó por el camino a Italia, el anfitrión. Los técnicos estaban perplejos. En el campo había ocurrido algo maravilloso.
Ceballos, Soler y Fabián, tres expertos de la plantilla en gestionar el mediocampo, señalan que la titularidad de Roca en el eje del equipo propició una aceleración del ritmo de juego que se convirtió en penuria para Polonia y más posesión para los españoles. “Contra Polonia nos encontramos más cómodos”, repiten en estos días en la concentración. “Nosotros somos un equipo que necesita encontrarse bien con el balón y cuando lo logramos hicimos nuestro fútbol”, dice Aarón. Los jugadores saben mejor que nadie que no son piezas sustituibles en un magma de ideas y geometrías vacías. Hay unos más aptos que otros para dar velocidad a la circulación y nadie mejor que Luis de la Fuente, el seleccionador, para saber que lo que quieren Ceballos y Oyarzabal —sus líderes designados— es entrar en contacto con el balón con continuidad.
“Me encantaría que los jugadores se sientan a gusto, felices y que disfruten”, declara el seleccionador, cuando formula su ideal. “Que despleguemos el verdadero potencial de los futbolistas. Que seamos un equipo que se sienta cómodo en el terreno de juego. El estilo es una continuidad: querer tener el balón, ser dominadores, tener amplitud”.
Todo eso es exactamente lo que no sucedió contra Italia y Bélgica, en los dos primeros partidos del torneo, saldados con derrota (1-3) y victoria agónica (2-1). De la Fuente procuró solucionarlo poniendo a Roca como ancla y el vestuario lo agradeció. Un ojeador que sigue a la sub-21 española en busca de futbolistas para la Premier lo señala gráficamente: “El cerebro de los mejores mediocentros es como una máquina fotográfica que captura la posición de los rivales y los compañeros cuando la pelota está lejos de su zona de influencia; cuando la pelota se aproxima la cámara mental se dispara y procesa más información sin esfuerzo; y cuando reciben el balón ya están perfilados y saben lo que tienen que hacer porque naturalmente han recogido los datos que necesitan. Los análisis del España-Polonia dicen que de las cinco decisiones posibles cada vez que tuvo la pelota, Roca tomó siempre las dos mejores”.
Fuente: elpais.com
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