La brisa marina le abrirá el apetito y le ayudará a dormir mejor por la noche, caminar por la arena favorecerá su circulación y la formación del arco plantar, los baños en el mar le tonificarán y fortalecerán sus músculo.
Debes tener paciencia y espera a llevarle mejor a partir de que cumpla el año, cuando es menos probable que se queme, se deshidrate, o sufra algún contratiempo. Y, por supuesto, todas las actividades relacionadas con tu bebé, la playa y el mar, con moderación.
Antes de meterle en el mar por primera vez siéntale en la orilla a jugar, para que vaya teniendo confianza y se moje con las olas. Después, agárralo por los brazos firmemente y metelo un poquito más adentro. No le transmitas miedo o inseguridad, porque lo notará y no querrá seguir con su aventura marinera.
El primer día basta con un remojón rápido para refrescarle, después, puedes prolongar los baños de 15 a 20 minutos. Si el niño no quiere, no insistas, puede ser contraproducente. Si por el contrario, es de los que aprecian los chapuzones, sepárate un poco de él, aunque sin soltarle.
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