Miles de israelíes se han sumado a la huelga convocada este martes para para protestar contra la inacción del gobierno frente a la violencia de género que este año se ha cobrado ya la vida de 24 mujeres.
Las dos últimas víctimas, dos jóvenes de 16 y 13 años asesinadas la semana pasada en las ciudades de Jish y Tel Aviv, con tan solo unas horas de diferencia han conmocionado a la sociedad israelí hasta el punto de ocasionar una serie de concentraciones de protesta de las últimas semanas.
Como gestos de solidaridad, en Tel Aviv, 200 pares de zapatos de color rojo inundaron la plaza Habima y en Jerusalén, el agua de la fuente de la Plaza de París, se tornó color sangre en recuerdo de las fallecidas.
Las israelíes reclaman al gobierno que dote con los fondos prometidos —250 millones de shekels (unos 60 millones de euros)— al programa quinquenal aprobado hace año y medio para luchar contra la violencia de género y que, según las manifestantes está fracasando porque el gobierno no lo implementa, lo que hace más difícil la vida esas mujeres, que, como víctimas, no alcanzan a tener la ayuda necesaria antes de que ocurra una tragedia.
“Algunas de las asesinadas habían acudido a la policía y nadie hizo nada. No podemos tolerar que sigan de brazos cruzados”, asegura Rachel, una de las manifestantes que a primera hora de la mañana participó en la protesta para cortar el tráfico bajo el Puente de la Cuerdas, construido por el arquitecto español, Santiago Calatrava, a la entrada de Jerusalén.
`Hacen falta más medios, centros de acogida, especialistas en las comisarías que sepan identificar a las posibles víctimas para que no ocurra esta barbarie`, pide Shlomit, quien participa en la concentración en el centro de Jerusalén.
Tampoco les ha gustado que el parlamento israelí fuese incapaz de sacar adelante otras iniciativas como la creación de una comisión de investigación sobre la violencia de género —propuesta de la oposición contra la que votó el Primer Ministro israelí, Benjamín Netanyahu— o una condena unánime de los asesinatos.
La noche del lunes 3 de diciembre, las diputadas de la Knesset —el parlamento israelí— abandonaron sus escaños en señal de protesta por la inacción del gobierno y su falta de sensibilidad con un problema que ha alcanzado este año la cifra más alta de víctimas desde 2011.
Este martes, las autoridades israelíes defraudaron de nuevo a los manifestantes al anunciar que, en contra de lo inicialmente previsto, los funcionarios que participasen en la huelga tendrían que pedir un día libre o se les descontaría de su salario.
“Vamos a la huelga porque quienes toman las decisiones deben de darse cuenta de que hacen falta acciones y no solo palabras vacías (...) Nos manifestamos contra la indiferencia negligente y pedimos soluciones”, dicen los convocantes de la huelga en un comunicado previo a la jornada de huelga a la que se han sumado unas 300 organizaciones sociales y locales de todo tipo, entre ellas 47 Ayuntamientos y unas 100 empresas del sector privado.
Autor: Lourdes Baeza/El País