A muchos niños les da miedo la oscuridad y los padres les dejamos una luz por la noche. Pero la exposición a la luz puede afectar a su descanso. Una de las razones es que los ojos de los niños son más sensibles a la luz y dejan pasar más luz que los de los adultos.
En la oscuridad todos segregamos la hormona melatonina que nos ayuda a regular el ritmo de vigilia y sueño. A más luminosidad en la habitación, menor será la producción de esta hormona, con lo que estamos dificultando la posibilidad de conciliar el sueño a nuestros hijos.
Los padres dejamos muchas veces una lámpara encendida en la habitación del bebé para reducir su miedo a la oscuridad. Una costumbre innecesaria que puede afectar a su salud.
Si por la noche tenemos que darle la toma o el biberón es preferible hacerlo lo más discretamente posible, sin entretenerse mucho.
Razones por las que no debemos dejar la luz encendida
1. Suprime melatonina
La melatonina es la hormona encargada de regular el sueño. No la generamos durante el día y la empezamos a desprender por la noche, para preparar a nuestro cuerpo para irnos a dormir. Si nuestro hijo se despierta normalmente saldrá de su habitación e irá a buscarnos al salón o a donde estemos.
2. Altera su reloj biológico
La luz nocturna altera el reloj biológico de nuestros hijos. Incluso si luego la apagamos ya que la segregación de melatonina se detiene, aunque a continuación duerman en un entorno tenue.
3. Cansados durante el día
Si atenuamos la intensidad de la luz nocturna, les ayudaremos a que la melatonina se segregue de manera natural. Nuestros hijos tendrán sueños más reparadores y plácidos.
4. Afecta a la miopía
Un estudio publicado en la revista Nature, realizado por el Medical Center de la Universidad de Pensilvania y el Children’s Hospital de Filadelfia, corrobora esta relación negativa de sueño y oscuridad.
Los resultados del estudio indicaron que un 10% de los niños de entre 2 y 16 años que habían dormido a oscuras hasta los dos años eran miopes en el momento de realizar el estudio. Un 34% de los niños que habían dormido los dos primeros años de vida con la luz nocturna de un piloto tenue eran miopes.