Desde hace varias décadas los médicos han alertado a los padres del peligro que supone que un bebé menor de 12 meses consuma miel, debido a la posibilidad de que contenga Clostridium botulinum, una bacteria parecida a la que produce el tétanos.
Clostridium botulinum puede producir la toxina botulínica responsable de la enfermedad del botulismo, explicó el doctor Jorge Martínez Pérez, pediatra de la Sección de Gastroenterología y Nutrición del Hospital Universitario Infantil Niño Jesús (Madrid).
El botulismo es una enfermedad grave producida por la toxina botulínica y cuyas consecuencias son el bloqueo de la transmisión neuromuscular y la posible posterior parálisis de determinadas zonas.
El niño puede empezar a manifestar dificultades para tragar, cansancio, debilidad. Pero, además, esa parálisis que inicialmente afecta a los músculos que controlan la deglución puede derivar en problemas respiratorios graves o incluso la muerte, aclaró Martínez.
El motivo por el cual puede afectar en mayor medida a los bebés está relacionado con la inmadurez de su intestino, pues en el caso de los menores de un año se corre el riesgo de que su intestino permita que esas bacterias germinen dentro y den lugar a la producción de la toxina peligrosa.
¿Qué sucede con algunos productos destinados al público infantil que contienen miel? En este caso, el pediatra explica que en los cereales de algunas marcas infantiles que incorporan miel en su elaboración, esta ha sido sometida a unos procesos de alta presión y temperatura que destruyen las bacterias por lo que, a su juicio, el consumo de estas elaboraciones es seguro.
Otra de las razones por las que no resulta aconsejable que los bebés consuman miel es por la alta cantidad de edulcorantes y azúcares que contiene.
Fuente: ABC.es