Una buena alimentación acompañada de una hidratación correcta y una dosis de deporte mejora la vida de las personas. Expertos en pediatría y nutrición insisten en la importancia de promover la actividad física para prevenir el sobrepeso y la obesidad en niños y jóvenes.
Por tanto, padres y educadores deben trabajar en equipo para evitar el sedentarismo de los niños y las complicaciones que trae a la larga.
La Organización Mundial de la Salud (OMS) indica que la obesidad infantil es uno de los problemas de salud pública más graves de este siglo.
Se ha convertido en un problema mundial y ya afecta de forma progresiva tanto a países de medianos ingresos, como a los urbanizados. Para 2016, más de 41 millones de niños menores de cinco años tenían sobrepeso o eran obesos.
La doctora Isabel Polanco, catedrática de Pediatría de la Universidad Autónoma de Madrid y jefe del Servicio de Gastroenterología y Nutrición Pediátrica del Hospital La Paz de Madrid, en entrevista para el diario español El Mundo, señaló que los pediatras deben involucrarse en este problema de salud pública y explicar tanto a los padres como a educadores la necesidad de fomentar la actividad física en los niños.
Los expertos proponen contribuir a la reducción de la obesidad aumentando la actividad física en los centros escolares, dosificando el uso de las nuevas tecnologías y dotando a las ciudades de las infraestructuras necesarias para la práctica del deporte.
La inactividad física se ha convertido en el cuarto factor de riesgo más importante de mortalidad, de acuerdo a estudios.
Para lograr invertir esta tendencia es necesario cambiar los hábitos sedentarios en nuestra vida, reducir las calorías, llevar una dieta equilibrada, hidratarnos durante todo el día y realizar ejercicio. Los padres pueden transmitir estas prácticas a sus hijos.